La falta de hierro y de ciertas vitaminas pueden ser algunas de las causas de este malestar. 

El ritmo de vida de la sociedad actual, colmado de actividades y obligaciones, nos exige sacrificar horas de descanso, una alimentación saludable y momentos recreativos para el cuerpo y la mente. Es fácil entender por qué muchas veces nos sentimos cansados, desganados y con falta de concentración. Pero, ¿podemos encontrar otra explicación para el agotamiento? Sí, anemia, una problemática que afecta a gran cantidad de personas.

¿Qué es la Anemia?

Para comprender lo que ocurre cuando hay anemia, tenemos que prestar atención a una actividad que realizamos en forma permanente y que, la mayoría del tiempo, la hacemos sin darnos cuenta. Es decir respirar. Cuando respiramos, ingresa oxígeno a nuestros pulmones, el cual debe ser trasladado a todas las células del cuerpo. El transporte del oxígeno es llevado a cabo por unas células que circulan por la sangre (glóbulos rojos). En el interior de dichas células, existe una proteína rica en hierro, llamada Hemoglobina. El oxígeno se une a esta proteína y así se transporta desde los pulmones hacia todas las partes del organismo.

Entonces ¿por qué nos sentimos cansados? La anemia significa que existe un nivel disminuido de Hemoglobina en los glóbulos rojos y por lo tanto, llega menor cantidad de oxígeno a todas nuestras células, razón por la que nos sentimos cansados y sin fuerzas, cuando tenemos anemia.

Es necesario remarcar que la anemia no es una enfermedad, sino una condición que puede acompañar a muchas afecciones

ABC de la anemia  

Esta problemática puede producirse por diferentes mecanismos; sin embargo lo más frecuente es que sea por la falta de nutrientes imprescindibles para formar hemoglobina y/o glóbulos rojos, como el hierro, ácido fólico o vitamina B12.

A pesar de que existen numerosas causas, la más frecuente es la Anemia por carencia de hierro. Los motivos de dicho déficit pueden ser los siguientes:

  • Períodos de requerimiento aumentado, como ocurre durante los dos primeros años de la vida, en la adolescencia y embarazo.
  • Por aporte dietético escaso o insuficiente
  • Por pérdidas de hierro, como ocurre en los sangrados provenientes del aparato genital femenino (menstruaciones abundantes o fuera del ciclo normal) o del tubo digestivo (gastritis, úlceras, hemorroides o tumoraciones).

A nivel mundial, más de 1.000 millones de personas tiene alguna forma de déficit de hierro, y unos 500 millones tienen Anemia por falta de Hierro.

¿Cómo detectamos esta condición?

En los casos de anemia leve, es posible que no haya ninguna manifestación y en muchas oportunidades los síntomas no suelen mostrarse de inmediato y pueden ser moderados o engañosos. Sin embargo, entre los síntomas más frecuentes se destacan:

  • Cansancio, fatiga muscular o debilidad
  • Tendencia al sueño
  • Palidez
  • Palpitaciones, taquicardia y mareos

Debemos recordar que la definición de anemia se basa en el valor de Hemoglobina y por lo tanto, para detectarla es necesario realizarse un análisis de laboratorio.

¿Qué pasa con la anemia en los más chicos?

En pacientes pediátricos, además de los síntomas mencionados anteriormente se agregan la falta de concentración, el bajo rendimiento escolar y hasta una falla del crecimiento.

Una alimentación sin la cantidad suficiente de hierro es la causa más común de anemia en los niños. Es importante destacar que, tanto el requerimiento como el metabolismo del hierro, sufre diversas modificaciones acorde a la maduración del organismo.

Los bebés recién nacidos, tienen reservas de hierro hasta los 4 o 6 meses de vida. Estos depósitos derivan del aporte materno que se produce en el transcurso del tercer trimestre de gestación. Por esto es de suma importancia corregir el déficit de hierro en pacientes embarazadas. Asimismo, debemos fomentar y estimular la lactancia materna, ya que ésta es la mejor fuente de hierro durante este período.

En bebés mayores a 6 meses de vida, el aporte de hierro dependerá exclusivamente de la dieta y transcurrirán varios meses hasta que se incorporen alimentos ricos en hierro, en cantidades suficientes, para reemplazar la demanda metabólica del niño. Es por esto que la máxima prevalencia de anemia en la edad pediátrica ocurre entre los 6 y 24 meses de vida. 

¿Qué tratamientos se pueden realizar?

El método adecuado dependerá de la causa. En el caso de la anemia por falta de nutrientes, será necesario reponer el elemento carente, ya sea hierro (oral o endovenoso), vitamina B 12 o ácido fólico. En la anemia por escasez de hierro, el tratamiento deberá durar entre 6 a 9 meses como mínimo; solo así se podrá garantizar una adecuada reconstitución de los depósitos de hierro del organismo.

¿Cómo lograr una dieta adecuada?

Para prevenir las anemias por carencias nutricionales es necesario incorporar una alimentación apropiada para aportar hierro en calidad y cantidad suficiente, con el propósito de controlar y tratar la anemia. Para garantizar un adecuado aporte de hierro, se deben incluir en la dieta dos tipos de alimentos:

  • Productos de origen animal: hígado, carnes rojas y blancas (poseen una estructura química que optimiza su absorción intestinal).
  • Cereales y legumbres: maíz, lentejas, soja, garbanzos (tienen menor porcentaje de absorción).

En cuanto a la dieta en lactantes, hay que destacar que la disponibilidad de hierro varía considerablemente entre los distintos tipos de leches:

  • Leche materna: posee un menor contenido de hierro, pero por su composición química se absorbe casi en su totalidad.
  • Leche de vaca y la leche de fórmula: deben ser fortificadas o enriquecidas con hierro (a pesar de contener mayor cantidad que la leche materna), ya que esta se absorbe solo en un bajo porcentaje. Actualmente, este tipo de leches tienen agregado de hierro para suplir los requerimientos diarios de un niño en etapa de crecimiento.

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