¿Dónde radica la importancia de los controles ginecológicos?

El control ginecológico es fundamental para la prevención de distintas patologías, en especial aquellas relacionadas con el cuello de útero. Es recomendable realizarlo una vez al año e involucra el Papanicolau (PAP), la Colposcopía y el Examen Mamario.

Los dos primeros sólo se pueden realizar luego de haber iniciado relaciones sexuales y con ellos se buscan posibles lesiones, es decir, imágenes que si se las deja evolucionar, puedan generar algún tipo de lesiones pre-cancerosas asociadas al cáncer de cuello uterino. Estos procedimientos son básicamente preventivos, aunque no sean estrictamente una prevención primaria.

Por su parte, la patología mamaria cobró mucha importancia en estos últimos años. Por un lado debido a los avances que hubo en la imagenología, que permiten que los estudios sean cada vez más específicos, diagnosticando lesiones en estadios tempranos que no GINECOLOGÍAson ni siquiera palpables. Por el otro, la biología molecular también está cambiando, generando carcinomas que aparecen a edades más tempranas y son más agresivos.

Es por ello que resulta muy importante incluir el examen mamario en los controles ginecológicos. Se recomienda realizarse una mamografía y una ecografía mamaria entre los 35 y los 40 años, y luego de esa edad incluirlas rutinariamente en los controles. Es necesario destacar la importancia de solicitar ambos estudios, debido a que hay imágenes que la ecografía percibe y la mamografía no, y viceversa.

Hay que tener en cuenta que estas recomendaciones son para pacientes sin ningún tipo de antecedentes. Para aquellas que tienen familiares directos con diagnósticos de cáncer de mama en edades jóvenes (40 – 50 años, incluso un poco menos) se les aconseja correrse de la rutina y realizarse estudios con mayor anterioridad. Actualmente el componente genético – hereditario está cobrando muchísima importancia y no deben minimizarse sus implicancias.

Muchos incluyen a la ecografía transvaginal o ginecológica en el control, pero en líneas generales éste no es un método de diagnóstico que pueda considerarse como preventivo. A lo sumo puede ser solicitado ante la sospecha de una patología, cuando hay algún síntoma, o ante la eventualidad de tener que llevar un control más estricto sobre alguna lesión ovárica. Podría ser considerado dentro de la rutina de pacientes menopáusicas, en donde se debe hacer un control más estricto. Si bien en esta etapa los ovarios no cumplen ya la función de órgano reproductor de hormonas, siguen siendo asiento de patologías, básicamente de cáncer de ovario.

¿Qué patologías se detectan con este tipo de estudios?

Con el Papanicolau y la Colposcopia lo que se busca son las patologías del cuello uterino, ya que el cáncer de cuello es una enfermedad que aqueja a la población en forma masiva, y por más que hubo una gran cantidad de programas de prevención, las estadísticas marcan que la incidencia sigue siendo muy alta. El PAP es un análisis citológico, mientras que con la Colposcopia se observa el cuello de útero a través de un microscopio especial que cuenta con una lupa de aumento.

Obviamente se está bajo la pesquisa de lesiones pre-malignas, es decir, aquellas que si bien no pueden ser catalogadas estrictamente como cáncer, pueden desarrollarlo con el tiempo si se las deja evolucionar.

Lo mismo ocurre con la mamografía, se trata de detectar lesiones cuando se encuentran en un estadio muy inicial, para poder actuar de forma rápida, evitando lo que ocurría cuarenta años atrás, cuando el diagnóstico de cáncer de mama se realizaba al tacto y la enfermedad se descubría cuando ya estaba muy avanzada.

Una de las mayores preocupaciones en la actualidad es el cáncer de ovario, ya que al ser una patología muy silente y difícil de detectar no existen estudios de prevención estricta. Esto ocasiona que la consulta se realice una vez que el estadio ya está avanzado.

¿Cuáles son los síntomas por los cuáles se debería consultar a un ginecólogo?

Síntomas hay muchos, no todos necesa-riamente implican que haya algo malo, o alguna lesión, o simplemente algo para preocuparse. Depende mucho en que rango etario nos encontremos, por ejemplo, si una paciente ya entrada en la menopausia nota pérdidas repentinas de sangre; notar alguna asimetría o protuberancia en la mama, o el sentir que hay una retracción de la piel, un área más colorada, o percibir que una mama es más grande que la otra; menstruación irregular, muy dolorosa o algún síntoma que llame la atención.

El control ginecológico lo debe hacer un ginecólogo, ya que los estudios sólo pueden visualizarse con los instrumentos adecuados y con alguien avezado dedicado a eso.

Es importante que este control se realice una vez al año, porque a diferencia del varón la mujer no puede autoexaminarse determinadas zonas riesgosas como el cuello del útero.

Autoexamen mamario

No hay una edad específica en la cual hay que comenzar a hacerse el autoexamen. Esto, generalmente surge de la consulta con el ginecólogo, el cual sugiere que se examine, o la paciente misma se lo comenta y en base a eso establecen si es necesario. Lo que se recomienda, en aquellas pacientes que menstrúan regularmente, es hacerlo una vez al mes, en el período post menstrual, que es el momento en que la turgencia mamaria es menor y los niveles hormonales están en nivel basal. En pacientes menopáusicas, también hay que hacerlo una vez al mes, eligiendo un día puntual y manteniendo la regularidad a lo largo del año. La clave es generar una rutina de prevención y concientizarse de su importancia.

Cáncer de cuello de útero. Prevención

La infección por el virus de papiloma humano (VPH) es muy común en las personas, pero sólo la infección persistente por los tipos VPH de alto riego son un factor de riesgo para desarrollar cáncer de cuello de útero, porque la gran mayoría de las infecciones por este virus son transitorias y se curan solas.

Cualquier persona que ha tenido relaciones sexuales puede contraer o haber con-traído el VPH, pero no es necesario ha-cer una prueba para saber si lo tuvo.

El cáncer de cuello uterino se puede evitar con la realización periódica del Papanicolaou (PAP).

El PAP es una prueba rápida y sencilla que permite detectar, para luego tratar, las lesiones del cuello del útero “precancerosas” es decir, con riesgo de evolucionar a cáncer con el paso de los años sin el adecuado control.

La decisión de hacer el PAP es individual, pero es una prueba que se recomienda hacer.

Es aconsejable que se hagan un PAP todas las mujeres mayores de 21 años y luego de 2 a 3 años de haber iniciado relaciones sexuales vaginales. Y continuar haciéndolo cada 1 a 3 años, según lo indique su médico.

Las mujeres vacunadas contra el VPH así como las mujeres embarazadas, postmenopáusicas y quienes ya no mantengan relaciones sexuales también deben realizar el PAP.

Las mujeres a quienes se les ha extirpado el útero de forma completa, (mujeres operadas y sin útero) no necesitan continuar realizando la prueba, pero esta decisión debe ser consensuada con el médico tratante.

A partir de los 65/70 años, las mujeres que han realizado los controles de forma habitual, que tienen los últimos tres PAP normales/negativos y que no han tenido en los últimos 10 años un PAP anormal no es necesario que continúen haciéndolo.

Si el PAP detecta una anomalía, es posible que requiera realizar estudios complementarios o administrar algún tratamiento, por lo que es muy importante retirar el resultado del PAP y consultarlo con el médico.

La mayoría de las mujeres con resultados anormales en el PAP no desarrollaran cáncer si realizan los controles y los tratamientos recomendados por su médico.