Resulta muy importante para las personas mayores contar con buenas redes de apoyo y contención, por eso detectar a tiempo los riesgos de una débil compañía o simplemente la existencia de algún tipo de violencia, es un paso esencial para la óptima salud del adulto mayor.

Una familia atenta y preocupada, es la base para que logre una buena calidad de vida.

Argentina es el país de Sudamérica con mayor población de personas adultas mayores con un porcentaje de 13, 44% de individuos mayores a 60 años. Este dato, adquiere importancia ya que en nuestra sociedad, se tiende a valorar a las personas por su vinculación con la capacidad de producir o de acumular riqueza material y el modelo a seguir resulta ser el de la juventud, sana, fuerte y productiva. Por el contrario, se carga de signos negativos a la ancianidad, asociándola a la enfermedad, la incapacidad y la improductividad.

Sobre la base de esta valoración negativa se han generado toda clase de actitudes y prácticas discriminatorias, que van desde el aislamiento en el seno de la familia, a la falta de respeto en la vía pública, o el maltrato en las instituciones, etc.

A lo largo de la vida son muchos los factores sociales, psíquicos y biológicos que determinan la salud mental de las personas. Además de las causas generales de tensión con que se enfrenta todo el mundo, muchos adultos mayores se ven privados de la capacidad de vivir independientemente por dificultades de movilidad, dolor crónico, fragilidad u otros problemas mentales o físicos, de modo que necesitan asistencia a largo plazo.

A su vez, entre los ancianos son más frecuentes experiencias como el dolor por la muerte de un ser querido, un descenso del nivel socioeconómico como consecuencia de la jubilación, o la discapacidad. Todos estos factores pueden ocasionarles aislamiento, pérdida de la independencia, soledad y angustia.