Todo lo que debe saber sobre el consumo de estos productos

En los últimos años, se ha producido un cambio drástico en las costumbres y patrones de consumo alimentario de la sociedad en general. Este aspecto, responde a diversos factores sociales, psicológicos o económicos tales como el trabajo de la madre y el menor tiempo que existe para elaborar comidas, la economía impredecible reinante o la influencia de la publicidad, que repercute directamente en la nutrición infantil.

Además, actualmente, es muy común que al menos una de las comidas se realice fuera del hogar, lo que genera un aumento de consumo de colaciones entre horas, elegidas muchas veces por el propio niño, pero con una escasa variabilidad de alimentos que lo componen.

Caramelos, snacks, fast food, por citar solo algunos de los ejemplos más consumidos, son alimentos que dentro de su composición, tienen un alto contenido de hidratos de carbono, grasas y/o sal que pueden desencadenar efectos adversos sobre la salud.

¿Qué son?

“Las golosinas son alimentos elaborados por la industria que causan placer pero carecen de valor nutricional, es decir son calorías vacías”, afirma la Dra. Furnes.

Las golosinas, están constituidas básicamente por azúcares simples (fructuosa, glucosa y sacarosa) de rápida asimilación, aditivos y colorantes artificiales para obtener esos llamativos colores. Sin embargo, bajo esa atractiva apariencia se esconden diferentes sustancias que nada aportan a nuestro cuerpo y su abuso puede derivar, en problemas para nuestra salud.

Cabe destacar, que los buenos hábitos alimentarios comienzan desde los primeros años de vida, por lo tanto, la alimentación desequilibrada en los niños, se debe a la falta de información de los padres y de mensajes publicitarios engañosos y persuasivos, agrega la especialista Raquel A. Furnes al respecto.

Hay que tener en cuenta, que las predilecciones y rechazos que se inician en esta edad, perdurarán para siempre. Por lo tanto, una de las maneras en que los niños aprenden es observando e imitando el comportamiento y acciones de los padres.

¿Son perjudiciales?

La Lic. Laura Nores, asegura que las golosinas (caramelos, chupetines, bombones, chicles, confites y pastillas) afectan al niño desde dos aspectos: por un lado, el psicológico, porque erróneamente los adultos las vinculamos con premios, y esa asociación perdura en el inconsciente toda la vida; y por el otro, el orgánico, ya que están compuestos por diversas sustancias, tales como: acidulantes, antiespumantes, antioxidantes, aromatizantes, y colorantes, entre otros, donde muchos de los cuales tienen efectos nocivos para un sistema inmunológico y digestivo en proceso de maduración.

Sobre este aspecto, La Dra. Furnes sostiene que las golosinas, al ser alimentos ricos en hidratos de carbono de absorción rápida, elevan los niveles de glucemia en el organismo, que entre otras cosas, pueden llevar a la obesidad, predisponen a padecer diabetes 2, caries dentales, etc.

Además, los alimentos y bebidas dulces tienen la particular característica de desarrollar gran apetencia por estos sabores, sin distinguir entre los que son productos edulcorados artificialmente o aquellos con altos contenidos de azucares.

“Su consumo puede provocar vómitos, diarrea, cólicos y dolor abdominal. Por ejemplo, las bebidas tipo “cola” contienen un alto contenido de cafeína y fósforo, por lo que, consumidas en exceso, pueden desencadenar hipertensión arterial y osteoporosis. Así también, las comidas rápidas son alimentos excesivamente calóricos, abundantes en sodio y grasas saturadas, y pobres en calcio, fibras y vitaminas A y C” ejemplifica la Dra. Furnes.

Entonces… ¿Se deben prohibir a los niños?

“No soy partidaria de la prohibición, pero sí de una educación alimentaria saludable, que promueva hábitos de selección de productos naturales y nutritivos, que además de azúcares, aporten proteínas, fibras, grasas de buena calidad, protectores vasculares como las frutas (frescas, deshidratadas y secas), turrón, praliné, pururú y chocolate semiamargo, entre otras” explica en detalle la Lic. Nores.

Por su parte la Dra. Furnes agrega al respecto, “Es inevitable que en algún momento el niño consuma alguna golosina o comida rápida, pero se le debe enseñar que sea en el marco de la excepción, como en un festejo o salida al cine.”

De esta manera, se desprende que es todo un reto limitar el consumo de dulces en los niños para cuidar su salud, pero se pueden buscar formas y alternativas para que estos productos no aparezcan tanto en la dieta.

Por último, la Lic. Nores afirma que “en una sociedad obesogénica y sedentaria, los `premios´ no pueden seguir siendo alimentos azucarados. Sería mucho más útil realizar mayor actividad física en forma de paseos familiares, deporte grupal, obsequiar elementos que favorezcan el movimiento (pelotas, colchonetas, elástico, soga, mancuernas, pases para gimnasio, Nintendo Wii), y el ejemplo de padres activos con buenos hábitos alimentarios”.