El sobrepeso y la obesidad infantil son considerados actualmente una crisis para la salud pública. Su incremento tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo ha aumentado su costo hospitalario 3 veces en los últimos 20 años.

Distintos informes internacionales indican que:
• Alrededor de 2 millones de niños menores de 5 años tienen sobrepeso u obesidad
• Más de 2/3 de los niños mayores de 10 años obesos pueden ser adultos obesos
• 1/4 de los niños con sobrepeso entre 6 y 12 años tienen alguna alteración en los estudios de tolerancia a la glucosa.

Los estudios sugieren tres períodos críticos para su desarrollo y complicaciones: gestación y primera infancia, entre 5 y 7 años, y adolescencia.

¿Cómo se define el exceso de peso? 

El sobrepeso se define cuando el Índice de Masa Corporal de una persona (IMC, BMI siglas en inglés) es superior al 85% de lo que le corresponde a una persona de su sexo y edad, y como obesidad cuando este índice es superior al 95%.

Otro método consiste en observar si el peso del niño es el adecuado para su talla y sexo. Para ello, ubicamos su talla en el Percentilo (Pc) que le corresponde y luego definimos cuál es el peso que le corresponde para dicho Pc, obteniendo así cuántos kilos tiene de sobrepeso.

Pero, ¿qué es el IMC? Es el resultado que surge de dividir el peso por la talla elevada al cuadrado (peso/ talla2), y se designa como kg/ m2. ¿Y qué es Percentilo? El percentilo o Pc es el lugar que ubica el peso y talla de un niño determinado entre 100 niños de la misma edad y sexo. Para ambas medidas existen tablas especiales.

 Las causas de obesidad infantil 

Sólo el 5% de los casos de obesidad infantil se debe a una causa orgánica o endógena, mientras que el 95% obedece a la denominada causa nutricional o exógena.

Las causas orgánicas pueden ser de origen hormonal, síndromes genéticos y enfermedades del sistema nervioso que, por ser las menos y pertinentes a especialistas, no vamos a desarrollar en este artículo.

Las causas de origen exógeno deben observarse bajo una perspectiva socio-ambiental (estilo de vida y nutrición) y genética.

Los cambios en el estilo de vida de los últimos años resultan en una disminución en la actividad física y un incremento en la ingesta de alimentos. Los niños utilizan automóviles, elevadores y escaladores para transportarse de un lugar a otro, y el tiempo de recreación al aire libre y la actividad física son menores.

Se ha publicado que sólo el 25% de los estudiantes participan activamente en las clases de educación física en la escuela. Otro aspecto es el limitado tiempo de actividad física y al aire libre, originadas por distintas situaciones como el hecho de estar al cuidado de terceros (niñeras, abuelos, tíos etc.)

A esto se suman conductas más permisivas como el tiempo dedicado a mirar TV o juegos de computadoras y la doble escolaridad con actividades académicas en ambas jornadas. Por ejemplo, se ha referido que el sobrepeso es 8 veces mayor en los niños que miran TV más de 5 hs. por día, comparado con los que miran 2 o menos horas.

Otro estudio llegó a la conclusión que de 24 hs semanales de ocio que dispone el niño, 15 hs. son dedicadas a estar delante de una pantalla; y también se ha demostrado que muy pocos padres acuden a los colegios para informarse o participar en la programación de las actividades escolares.

Los cambios en las dietas han contribuido a la obesidad pediátrica. El avance tecnológico en el transporte y conservación de los alimentos permite un acceso inmediato a productos manufacturados.

Pero este progreso también es responsable de la síntesis de sustancias poco saciables y agradables al paladar (por ejemplo los snacks), ricas en ácidos grasos y azúcares refinados, que se adquieren a bajo costo y a su vez son promocionadas con juguetes, música e íconos sociales. Por otro lado, cada día se preparan menos los alimentos en la casa con frutas y verduras frescas.

Lo expresado se pone de manifiesto cuando los padres refieren la conducta selectiva de los alimentos por parte de los niños en el hogar. No menos importante es la influencia de factores psicológicos relacionados con los hábitos alimenticios como el maltrato verbal o físico, alguna figura de abandono, la incapacidad de poner límites o el uso de la comida como premio o castigo.

La influencia genética y su contribución a la obesidad ha sido demostrada en estudios de mellizos, que presentaron una asociación de masa grasa entre el 40 y 70% con sus padres, y en niños adoptados, en quienes se vio una mejor correlación de su IMC con sus padres biológicos.

Estos hallazgos indican que si bien los hábitos dietéticos y los estilos de vida juegan un rol crucial en el desarrollo de la obesidad, la predisposición genética es también importante, pero de ninguna manera debe ser una justificación para desinteresarnos del problema.

Estudios sobre la obesidad familiar refieren que si ésta es materna, la probabilidad de tener un hijo obeso se multiplica por tres, y por diez si ambos padres lo son.

En un trabajo de investigación llevado a cabo con niños que consultaron en nuestro Servicio, encontramos: dos madres con exceso de peso por cada madre con peso normal; predominio en niñas, y también se pudo observar que la mayoría de los niños obesos tenían peso normal al nacer.

Otro dato relevante de este estudio, fue el hallazgo de mayor número de niños obesos que de niños con sobrepeso y en edades escolares o adolescentes; ambas situaciones nos hablan de consultas tardías. Las conductas sociales también influyen en la decisión de la consulta, esto queda de manifiesto cuando los niños deben completar la ficha de apto médico al inicio de cada ciclo lectivo, cuando las adolescentes están por cumplir 15 años o próximas a su fiesta de egreso, reflejando poco compromiso con el estado de salud.

 Las complicaciones del exceso de peso

En primer lugar, las distintas complicaciones dependen de la etapa de la vida y de cuánto tiempo lleva el paciente en esta situación.

Entre los trastornos ortopédicos encontramos la sobrecarga sobre la articulación de la rodilla, el pie plano, malformaciones en las piernas y columna. Los especialistas destacan que un exceso de entre seis y diez kilos ya es suficiente para que el arco del pie deje de ser pronunciado y los ligamentos de los tobillos y talones comiencen a desgastarse.

Los trastornos respiratorios por su parte, pueden ser sensación de “falta de aire”, ronquidos y dificultad respiratoria en el sueño. Los trastornos psicológicos dan cuenta de una pobre percepción de sí mismos y de actitudes antisociales.

Además, se producen alteraciones dermatológicas como hiperpigmentación (en axilas, cuello y zonas de pliegue) y lesiones de intertrigo, una inflamación que ocurre en áreas donde dos superficies cutáneas se rozan.

Por otra parte, se acelera la edad ósea (edad de maduración) con respecto a la edad cronológica produciéndose con ello una pubertad temprana y se incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, hiperinsulinismo, etc.

El hiperinsulinismo se debe a un aumento de la insulina: hormona del páncreas, encargada de mantener los niveles normales de azúcar en la sangre. Cuando el exceso de esta hormona se produce, el incremento del azúcar y sus consecuencias se instalan como enfermedad.

¿Qué hacer con un niño obeso?


La Academia Americana de Pediatría propone un control anual de IMC, como parte de un programa preventivo de cuidados de salud para niños y adolescentes.

Es de suma importancia no esperar un estado avanzado de la obesidad infantil para acudir a la consulta. Además, evaluar las posibles enfermedades endógenas y resolverlas.

También se debe contemplar la situación dietética, el ejercicio físico y la modificación de la conducta, acompañado de terapia psicológica en casos de ser necesaria.

 Cómo prevenir la obesidad infantil

En líneas generales, podemos basarnos en:
• Comer de todo. Una alimentación variada y equilibrada, es una alimentación sana.
• Desayunar siempre y de la forma más completa posible.
• No saltearse las comidas.
• Tomar todos los días: frutas, verduras y hortalizas. Los cereales (pan, pasta, arroz), patatas y legumbres son alimentos básicos y tienen que formar parte de la dieta diaria.
• Reducir la sal en las comidas.
• Moderar el consumo de grasas (especialmente las de origen animal) y de productos ricos en azúcar como las golosinas, los dulces y los refrescos.
• Realizar ejercicio físico todos los días. Caminar siempre que sea posible.
• Involucrar y comprometer a todos los miembros de la familia en los distintos aspectos relacionados con la alimentación, las actividades recreativas y las horas frente a la TV o computadora.

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