¿Qué es?

La salud digestiva es la capacidad de descomponer, absorber y utilizar nutrientes, y eliminar los productos de desecho de las comidas y bebidas de una forma que optimiza su salud y vitalidad. Las personas con buena salud digestiva no suelen experimentar síntomas molestos tales como el estreñimiento, la diarrea y la acidez con regularidad. La buena salud digestiva se logra consumiendo una dieta nutritiva, reduciendo el estrés y manteniéndose físicamente activo.

 

¿Por qué es importante? ¿Cómo lograrla?

La salud digestiva es importante para el bienestar general del cuerpo. Por suerte, para la mayoría de la gente, sólo es necesario tomar medidas preventivas simples. El control de su salud digestiva puede ayudarle a mejorar su salud general y aumentar su bienestar y felicidad.

Usted puede comenzar a hacer simples cambios proactivos en su dieta y estilo de vida hoy mismo que pueden beneficiar su salud digestiva ahora y por el resto de su vida.

  • La buena salud digestiva mejora la salud general. Durante su vida, su tubo digestivo se verá expuesto a 60 toneladas de comida que pasarán a través de él. El recubrimiento del tubo digestivo es una de las primeras líneas de defensa del cuerpo contra las toxinas e infecciones de bacterias, virus y parásitos dañinos, y por lo tanto, es un componente importante de su sistema inmune.
  • Calidad de vida. Los problemas digestivos pueden afectar todas los aspectos de su vida. Los síntomas de la mala salud digestiva, tales como la acidez estomacal/el dolor abdominal, la diarrea y el estreñimiento, pueden ser vergonzosos, impredecibles y desconcertantes.

Dieta

  • Coma frutas y verduras. Consuma frutas y verduras varias veces por día, incluyendo frutas secas, tales como ciruelas secas.
  • Consuma bastante fibraLa fibra ayuda a regularizar la actividad de su tubo digestivo, mejora la salud cardiovascular y regula el nivel del azúcar en la sangre.
  • Obtenga las vitaminas y los minerales que necesitaEl calcio y la vitamina D son esenciales para la buena salud digestiva y se encuentran tanto en los productos lácteos como en los alimentos fortificados.
  • Limite la cantidad de grasas y dulces y en vez de ellos elija alimentos tales como la fruta y los granos enteros.
  • Manténgase hidratado. Obtenga los fluidos que necesita de las bebidas y comidas que consume. Incluya una bebida con cada comida.
  • Coma cuidadosamente.La forma de comer es tan importante como lo que se come. Coma lentamente, disfrute la comida mientras come y deje de comer cuando se sienta satisfecho.

 

Ejercicio

  • Manténgase en movimiento. Haga por lo menos 30 minutos de ejercicio al día. Puede caminar, hacer ejercicios aeróbicos o realizar actividades que aumentan la resistencia.  Cada movimiento cuenta.
  • Espere después de comer. Dése la oportunidad de relajarse y digerir su comida antes de hacer ejercicio.
  • Elija con prudencia. Si tiene problemas digestivos, seleccione ejercicios que no hacen mal a la digestión tales como natación, Pilates o entrenamiento de resistencia.

 

Reducción del estrés

  • Mantenga la calma. Controle su estrés. Separe tiempo para la respiración profunda, la meditación o la visualización en su rutina diaria.
  • Préstele atención a su cuerpo.Usted podrá sentir los efectos positivos de sus elecciones de estilo de vida saludable.
  • Relájese. Participe en actividades que son relajantes para usted.
  • Calma. Programe tiempo para estar en calma después de la comida.
  • Duerma adecuadamente.

 

La digestión: Clave para la salud

Realizar correctamente la digestión, absorción y eliminación es necesario para obtener los beneficios nutricionales que poseen los alimentos. Cualquier perturbación de estos procesos causa de manera progresiva problemas de salud en el cuerpo.

El sistema digestivo es el encargado de digerir los alimentos que tomamos, haciéndolos aptos para que puedan asimilarse. La digestión es un proceso complejo, tanto físico como químico, mediante el cual se produce la transformación de los alimentos en sustancias aprovechables para la nutrición

celular. Como consecuencia, los alimentos se fragmentan y proporcionan sustancias más simples que pueden atravesar fácilmente las paredes intestinales.

No siempre es necesario que se produzca algún cambio para que el organismo pueda absorber los componentes de los alimentos; por ejemplo, el agua, los minerales y ciertos hidratos de carbono se absorben sin que se produzca modificación previa.

Sin embargo, el verdadero proceso de la digestión no comienza hasta que el alimento llega al aparato digestivo. El sistema digestivo está formado por el tubo digestivo y las glándulas anejas.

El tubo digestivo es un largo conducto que se prolonga desde la boca (es un orificio de entrada) hasta el ano (es el orificio terminal o de salida de los residuos de la digestión). En el tubo digestivo localizamos la boca, la faringe, el esófago, el estómago, el intestino delgado y el intestino grueso. Además de lo anterior, también hay glándulas anejas que colaboran en la digestión, son las siguientes: las glándulas salivales, el hígado, la vesícula biliar y el páncreas.

Además de las funciones digestivas y de eliminación, nuestro sistema digestivo realiza otra importante función: establece una barrera contra las sustancias y los microorganismos que pueden ser potencialmente dañinos para la salud. El tubo digestivo es uno de los órganos más especializados del organismo, hay que destacar que es la mayor superficie de nuestro cuerpo que está en contacto con el mundo exterior, tiene una superficie de 300 a 600 metros cuadrados y, a través de la superficie luminal, está en contacto directo no solamente con los nutrientes que se necesitan sino también con las toxinas y los gases. Esta particularidad confiere a la mucosa digestiva dos funciones paradójicas: por un lado, la de filtro muy especializado pero también la de una barrera muy selectiva. Como filtro ha de permitir el paso de los nutrientes actuando al mismo tiempo como barrera protectora frente a las toxinas y las sustancias no deseadas

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