La sexualidad, un tema muy poco abordado en los ámbitos educativos, políticos y hasta, en muchos casos, familiares. Es un aspecto fundamental en la vida humana. Por lo tanto, debería ser tomado con total naturalidad para que pueda ser abordada con responsabilidad y a conciencia.

Los seres humanos somos sexuados desde que nacemos hasta que morimos.  Nuestra sexualidad además está influenciada por la época, la historia, la sociedad, la cultura, la religión, la crianza y  las tendencias individuales. Así, cada uno va formando su identidad como persona y la forma de interaccionar con los otros, de comunicarnos y respetarnos.

La sexualidad en la vida cotidiana

Uno de los pilares fundamentales para tener una buena calidad de vida, es mantener la salud en nuestra sexualidad en todas las etapas: desde la niñez, la adolescencia, la adultez temprana y tardía así como también en todas las condiciones de la vida: cuando la persona está sana, cursa un embarazo o padece alguna enfermedad.

De esta manera, la Organización Mundial de la Salud define Salud Sexual como un estado físico, emocional, mental y social de bienestar relacionado con la sexualidad.

Para lograr y mantener Salud Sexual se requiere tener una visión de la sexualidad de forma positiva y respetuosa, además conocer y proteger los derechos sexuales de las personas libres de coerción, discriminación y violencia.

En nuestro país existe una ley que establece que es obligatorio enseñar Educación Sexual Integral en todos los niveles y en las instituciones estatales o privadas. Esto, si bien no es tan tenido en cuenta en la realidad, permite que todos tengan acceso a la educación en la salud sexual, que aprendan a tener una visión natural, positiva y responsable sobre la sexualidad y especialmente que reciban recursos adaptados a cada edad para protegerse sobre situaciones de abuso y explotación sexual. Además posibilita que aprendan a respetar a las personas aceptando la diversidad, sin burlas y sin discriminación para quien es diferente ya sea por su etnia, por su orientación sexual, por su identidad sexual o por su forma corporal.

Todos somos seres sexuales únicos e irrepetibles y debemos aprender a conocer y cuidar nuestro cuerpo para lograr salud y bienestar.

Pero entonces, ¿cómo cuidamos la salud sexual?

  • Es muy importante hacer una evaluación de nuestro estado general desde el punto de vista físico, mental, social y espiritual. Todo lo que nos afecte en nuestro cuerpo, en nuestra mente o en nuestro entorno, provocará una consecuencia en nuestro comportamiento. Por eso es muy importante saber si estamos en equilibrio con nuestra vida en general. Esta condición es fundamental para que podamos contar con un cuerpo físico en condiciones de responder al estímulo sexual y una mente más tranquila que permita focalizar la atención en esos los estímulos.
  • Combatir el stress: las situaciones estresantes por las que pueda atravesar la persona o su pareja pueden comprometer la salud sexual. A veces el stress es transitorio y fácil de revertir pero cuando se mantiene en el tiempo, desgasta nuestra mente y nuestro cuerpo afectando también nuestra relación de pareja. Por este motivo, siempre buscar actividades que nos relajen, nos distraigan y nos diviertan, como así también momentos para compartir con la pareja escapando de la rutina. ¡Disfrutar de las cosas simples de la vida es el mejor consejo!
  • Los hábitos de vida se relacionan mucho con la salud sexual. Hacer deporte o actividad física regular, ayuda a sentirnos bien con nuestro cuerpo y autoestima.
  • La alimentación saludable es fundamental para garantizar una buena calidad de vida y un saludable desempeño sexual. La alimentación regular y variada rica en frutas, verduras, lácteos descremados, cereales, carnes y pescados magros ayuda a mantener un adecuado consumo de los nutrientes que nuestro organismo necesita a diario para enfrentar los desafíos de la vida.
  • Evitar los tóxicos: el alcohol, el cigarrillo y cualquier tipo de droga: son muy dañinos para la salud en general y para la salud sexual.
  • Mantener activa la seducción: uno de los mitos más frecuentes de la sexualidad es que el deseo debe estar siempre ante cualquier situación personal o de la pareja. La realidad nos indica que no siempre es así, ya que son muy escasas las experiencias en la vida real donde el deseo sexual es espontáneo. Al erotismo hay que ayudarlo y mucho más cuando las personas o las parejas están inmersas en condiciones desfavorables o son relaciones de mucho tiempo. La práctica sexual placentera es causa y consecuencia de buena salud sexual. Y el mantener relaciones placenteras hace que se desee repetir la experiencia.
  • Innovar los escenarios eróticos: sirve para recrear distintas formas de seducción y no caer en el aburrimiento. Sorprender y halagar. Todo lo bueno y positivo que se diga y que se haga para halagar a la pareja nunca estará de más. Es muy positivo escuchar que uno es amado y deseado. Una pareja saludable generalmente está construida por afecto, intimidad y pasión. Estas condiciones necesitan ingredientes diferentes para seguir presentes entre ambos, sobre todo cuando el tiempo transcurre y se agregan nuevos distractores a la relación. Para seguir queriendo es necesario sentirse querida/o, respetada/o, cuidada/o, amado/a y algunas cosas más propias de cada persona. Pero para seguir deseando, además de todo lo anterior, necesitamos seducción, innovación, fantasía y juego: claro está, no siempre querer es desear a la persona o viceversa.

La sexualidad humana está llena de mitos: aunque nadie sabe de dónde han venido, todo el mundo los conoce y cree en ellos. Ideas preconcebidas, afirmaciones basadas en mala información o información mal interpretada que se trasmite de generación en generación y que muchas veces impiden el pleno disfrute de nuestra sexualidad.

¡Rompamos mitos, buscá información confiable!