Es habitual por estos días de frío intenso y temperaturas bajas, escuchar hablar de Neumonía. Sin embargo, son pocas las personas que entienden de qué se trata esta enfermedad y qué riesgos tiene para la salud.

En este sentido, la Dra. Vanesa Abrate del Servicio de Neumonología del Hospital Privado Universitario de Córdoba, explica y detalla la información necesaria para tomar los recaudos sobre esta patología.

¿Qué es la neumonía?

Es una infección pulmonar que ocasiona una grave inflamación de los mismos, produciendo dificultad para respirar e inclusive dolor. Es responsable del 15% de todas las defunciones en menores de 5 años.

Si bien puede afectar a personas de cualquier edad, es más peligroso en niños muy pequeños, en personas mayores de 65 años y en aquellos con problemas médicos subyacentes, como los cardiovasculares, diabetes y enfermedad pulmonar crónica. Es más común durante los meses de invierno y ocurre con más frecuencia en fumadores.

La neumonía puede ser causada por una variedad de agentes infecciosos, incluyendo virus, bacterias, y, con menor frecuencia, por hongos. En los adultos, las bacterias son la causa más común de neumonía, mientras que en bebés y niños suele ser de origen viral.

Los virus producen aproximadamente el 20% de los casos. La gripe es una causa común de neumonía viral. Los hongos suelen causar neumonía en personas que presentan un sistema inmunológico debilitado (HIV, trasplante de órganos o que hayan recibido quimioterapia).

El Streptococcus pneumoniae (neumococo) es la bacteria responsable de la mayoría de las neumonías.

¿Cómo se transmite?

La neumonía puede propagarse por diversas vías. Los virus y bacterias presentes comúnmente en la nariz o garganta, pueden infectar los pulmones al inhalarse. También pueden propagarse por vía aérea, en gotitas producidas por la tos o estornudos, por medio de la sangre, sobre todo en el parto y en el período inmediatamente posterior.

¿Cuáles son los factores de riesgo que aumentan las probabilidades de contraer neumonía?

Como detallamos anteriormente, algunos grupos de adultos tienen más riesgo de desarrollar neumonía. Estos incluyen personas mayores de 65 años con:

  • Enfermedad pulmonar subyacente tales como EPOC, fibrosis quística, asma
  • Tabaquistas
  • Que presenten dificultad para toser (debido a un accidente cerebrovascular, drogas sedantes o alcohol, o movilidad limitada)
  • Demencia, accidente cerebrovascular, lesión cerebral, parálisis cerebral u otros trastornos cerebrales
  • Inmunodeficiencia (VIH, trasplante de órganos, quimioterapia, o uso crónico de esteroides)
  • Otras enfermedades graves tales como cardiopatía, cirrosis hepática o diabetes mellitus
  • Desnutrición.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas comunes de la neumonía incluyen fiebre, escalofríos, falta de aire, dolor al respirar, palpitaciones y respiración acelerada, náuseas, vómitos, diarrea y tos. A menudo, se eliminan flemas verdosas o amarillentas y en ocasiones herrumbrosa. La mayoría, presenta fiebre (temperatura mayor de 38 ° C), pero puede estar ausente en personas de edad avanzada. También se puede producir un cambio en el estado mental (confusión).

La neumonía se diagnostica con la historia clínica, el examen físico y una radiografía de tórax. La necesidad de realizar otras pruebas diagnósticas depende de la gravedad de la enfermedad y el riesgo de complicaciones de cada paciente.

Tratamiento


El objetivo del tratamiento para los pacientes con neumonía es tratar la infección y prevenir complicaciones. El tratamiento inicial con antibióticos en un individuo sano de la comunidad puede iniciarse sin buscar el microorganismo responsable. Es muy importante comenzar apenas se hace el diagnóstico.

En ocasiones, la persona enferma con neumonía puede requerir hospitalización. Con tratamiento, la mayoría de los pacientes mejora al cabo de dos semanas, aunque los de edad avanzada o con su sistema inmune más débil pueden necesitar un tratamiento más prolongado.

Una persona con neumonía por lo general comienza a mejorar luego de 3-5 días de tratamiento con antibióticos. La mejoría puede ser definida como sentirse mejor o tener menos síntomas, como tos y fiebre. La fatiga y la tos pueden durar más de un mes, aunque la mayoría de las personas son capaces de reanudar sus actividades habituales dentro de los siete días. Sin embargo, los pacientes tratados en el hospital pueden requerir tres semanas o más para reanudar sus actividades normales.

Prevención

Todos los pacientes, tratados en casa o en el hospital, deben tener especial cuidado de sí mismos durante el periodo de recuperación. Los pacientes deben beber líquidos para evitar la deshidratación; no hay una cantidad específica de líquido recomendado, pero la sed es un buen indicador de la necesidad de beber más líquidos. Deben asegurarse de completar el tratamiento con antibiótico, incluso si se sienten mejor después de unos días. Además no debe tomar antitusígenos, ni alcohol.

La vacuna neumocócica es una de las medidas más eficaces para prevenir la neumonía. La vacuna contra la gripe es importante para su prevención.

La gripe es una enfermedad altamente contagiosa, mientras que la propagación del neumococo es mucho menos probable y menos predecible. Dado que la neumonía se transmite por contacto con las secreciones respiratorias infectadas, las personas con neumonía deben limitar el contacto cara a cara con la familia no infectada y amigos. La boca y la nariz deben cubrirse al toser o estornudar, y los tejidos se deben desechar de forma inmediata.

El cese del tabaquismo contribuye a la prevención de la neumonía.

El control de las condiciones subyacentes como el asma, la insuficiencia cardíaca congestiva y la diabetes también puede ayudar a prevenir la neumonía.

El control de la infección es muy importante y consiste en lavado de manos con desinfectantes a base de alcohol o agua y jabón.

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