Entendemos por estrés a la respuesta normal que presenta todo ser vivo ante la presencia de cambios o estímulos. A diario estamos expuestos a dichas situaciones y cada individuo puede reaccionar de manera diferente ante las mismas.

Sensaciones como miedo, preocupación, angustia, pueden manifestarse como  “síntomas corporales” tales como la tensión o el dolor muscular, la sudoración, el temblor, la respiración agitada, los “nudos en el estómago”, la diarrea, las palpitaciones, el dolor de cabeza, etc.  A veces, esta respuesta normal se exacerba convirtiéndose en patológica y generando desequilibrios. Por ejemplo,  un cierto grado de tensión muscular, de estrés o de ansiedad se considera una reacción normal y sana. Todo el mundo la experimenta en situaciones complicadas o momentos especiales y puede incluso resultar estimulante y útil para reaccionar en ellos. Sin embargo, estas reacciones pueden ser negativas si se mantienen de forma persistente o paralizan y dificultan reaccionar frente a las situaciones que se viven.

 

Factores que influyen

  • Factores sociales o socioculturales: podemos nombrar: sociedad altamente competitiva, ritmo de vida agitado y estereotipos sociales (belleza, juventud, éxito, calidad de vida). Influyen también  la zona en que vivimos (configuración de espacios, densidad de tráfico, ruidos), medios y servicios de que dispone (zonas verdes, oferta de actividades deportivas de ocio y tiempo libre), la situación laboral,  la estructura, el clima y el funcionamiento del grupo familiar y de los otros grupos humanos a los que pertenecemos, como los amigos y otras redes sociales.
  • Factores personales e interpersonales que hacen que reaccionemos diferente ante iguales circunstancias. Se plantea que  el bienestar/malestar vital tiene que ver con los acontecimientos de la vida que pueden producir bienestar o tensión y la propia personalidad, autoimagen, formas de afrontar la vida u acontecimientos
  • Acontecimientos vitales y transiciones psicosociales (pérdida o separación del padre o de la madre, crisis o ruptura de la pareja, embarazo, nacimiento, pérdida de trabajo u otros conflictos del ámbito laboral, confrontación con la enfermedad y la muerte,) son estresantes y harán que sintamos ansiedad.

Dentro de los factores personales es importante considerar el patrón de relaciones.Las personas que disponen de pocos recursos y habilidades interpersonales, no saben identificar bien lo que quieren o sienten, no se atreven a plantear sus opiniones, se comunican de manera poco clara, pasiva o agresiva, etc. es más probable que vivan las situaciones de interrelación con tensión. Por el contrario las personas con un alto grado de autoestima, con confianza en sí mismas, que creen poder controlar los acontecimientos de su vida, tienen menos probabilidades de mantener respuestas problemáticas de ansiedad.

Ante situaciones estresantes se ponen en marcha respuestas del organismo, percibidas de forma diferente por cada uno. También se pueden desarrollar diferentes tipos de emociones, sentimientos y pensamientos: culpa, impotencia, baja autoestima, sensación de no poder salir adelante. Algunas personas se reajustan ellas mismas, pero otras tienden a evitar estas situaciones, las viven con miedo y pánico, demandan consulta médica con frecuencia, o hasta pueden darse trastornos alimenticios o del sueño y conductas agresivas.

 

Alternativas para prevenir el estrés

  • Desarrollo de habilidades para la utilización de determinadas técnicas de control de la ansiedad: relajación, técnicas de distracción, control de pensamientos automáticos inquietantes, etc.
  • Identificar qué situaciones producen tensión y por qué, cómo se manifiesta, cómo se suele reaccionar.
  • Cambios en el tipo de vida, organizar horarios, cambiar el patrón de relaciones interpersonales o la forma de relacionarse con uno mismo, restablecer una relación más positiva con el cuerpo, concederse tiempo para descansar y recuperarse.
  • Establecer momentos compensatorios ampliando los espacios personales de tiempo tranquilo y para sí  mismo y realizando actividades gratificantes.
  • El ejercicio, el equilibrio entre actividades mentales y físicas pueden ser también elementos a introducir en la vida que ayudan a controlar el estrés.

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