A lo largo de nuestra vida, vamos atravesando distintas etapas de aprendizaje que nos van formando como personas para el resto de los años.

En la familia, por ejemplo, aprendemos valores, educación y sentimientos. En la escuela, nos enseñan a compartir, a sumar, a restar, a leer, a escribir, etc. En el club, aprendemos a patear una pelota de fútbol, a trabajar en equipo, a esforzarnos y trabajar duro para lograr objetivos.

Sin embargo, este sistema social tan preparado para una infinidad de cosas o situaciones, no nos enseñó nunca la manera de cómo educar a nuestros hijos.

Por supuesto que no existe una manera universal para esta hermosa responsabilidad: algunas personas tienen pensamientos o concepciones muy particulares para la educación de sus pequeños. Y son válidas.

Los papás, sobretodo los que tienen el privilegio de serlo por primera vez, se sientes indefensos y tratan de hacerlo lo mejor posible desde el amor, la buena voluntad y el esfuerzo. De hecho, somos de pensar que nadie puede cuidar o educar a nuestros propios hijos como solo nosotros lo podemos lograr.

Son estos momentos donde entendemos que ser mamá o papá es una hermosa bendición pero que no es sencilla y que necesita de responsabilidad, compromiso, amor y aprendizaje constante. Es una hermosa experiencia que se vive día a día, entendiendo y comprendiendo infinitas veces que no existe un manual que nos explique cómo debemos actuar ante determinada situación, qué debemos responder frente algunas situaciones, cuándo poner algún límite y cuándo entender que son solo niños siendo felices.

Como papás, debemos entender que los niños aprenden lo que viven, y en este mundo tan globalizado y cambiante debemos afrontar el desafío de poder educar a nuestros hijos de la manera que creamos convenientes, con amor y respeto.

La tarea de ser padres, es una tarea que nunca acaba: nos pondremos felices con sus objetivos cumplidos, tomaremos como propias sus desgracias o caídas y luego, cuando nuestros hijos crezcan recordaremos las veces que nos hicieron escuchar mil veces la misma canción, nos repitieron incansablemente las mismas preguntas y nos sepamos de memoria el capítulo de sus dibujitos preferidos. En definitiva, de eso se trata, de educar con amor y ver ese fruto con el paso del tiempo.

Nuestros hijos son el regalo más lindo que nos regala la vida y con eso nos quedaremos, siempre. Hasta que lleguen los nietos y multipliquen el sentimiento.

La familia, nuestra mejor elección

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