Cuando pensamos en nuestra salud visual, no solemos reconocer cuándo es importante realizar una consulta. Generalmente, visitamos al oftalmólogo cuando nuestros ojos manifiestan algún problema o ante la exigencia de un certificado, ya sea para ingresar al colegio, a un trabajo o para obtener la licencia de conducir. Sin embargo, es necesario realizar un examen oftalmológico desde los primeros meses de vida.

 

El propósito de este examen es conocer el estado de salud de los ojos, y realizar una revisión con regularidad nos permite la detección de patologías que no provocan síntomas o dolor y que, sin embargo, pueden causar pérdidas de la visión.

 

Los primeros meses de vida son de fundamental importancia para obtener una buena visión: cualquier obstáculo que impida la formación nítida de imágenes durante el período crítico de maduración visual, traerá como resultado alteraciones en la visión del niño. De la gran importancia de los primeros meses de vida en el desarrollo de las funciones visuales, surge la necesidad de un diagnóstico precoz de las afecciones pasibles de tratamiento. Para ello, debemos insistir en la realización de un examen oftalmológico de rutina al recién nacido y en controles periódicos de agudeza visual. La agudeza visual debe determinarse siempre y el método usado variará según la edad del niño.

 

Las patologías que se presentan en la infancia causando déficit visual pueden ser las leucocorias (cataratas congénitas, retinoblastomas, etc), los errores refractivos (miopía, astigmatismo e hipermetropía) y las alteraciones en la motilidad (estrabismos).Todo esto puede originar Ambliopía, que debe ser tratada rápidamente.

La ambliopía es una disminución unilateral o bilateral de la visión producida por una alteración del procesamiento de la información visual en el cerebro. Comúnmente lo llamamos el ojo “vago”, que debe ser estimulado en el período de plasticidad visual que se extiende hasta los 8 años de edad.

En los adolescentes y adultos jóvenes las patologías más frecuentes son los errores refractivos, miopías y astigmatismos, que pueden modificarse o aparecer en esta edad. Éstas se tratan con anteojos o lentes de contacto y alrededor de los 20 años es posible realizar un tratamiento quirúrgico.

A partir de los 40 años aparece la presbicia, que es la dificultad para enfocar los objetos cercanos, pues el ojo va perdiendo el poder de acomodación, y se manifiesta por no poder leer claramente. Esta patología es tratada con anteojos y se va modificando progresivamente hasta aproximadamente los 60 años de edad.

Desde la cuarta década es necesario controlar siempre la presión intraocular, su aumento es silencioso y no provoca molestias, pero puede desarrollar glaucoma, enfermedad que puede llevarnos a la ceguera si no es detectada a tiempo.

 

En los adultos mayores los problemas oculares más frecuentes son las cataratas, el glaucoma y las maculopatías. También, suelen presentarse otras complicaciones relacionadas a enfermedades sistémicas como diabetes e hipertensión.

• La catarata es la opacificación del cristalino, lente transparente que tenemos dentro del ojo, que provoca disminución progresiva de la visión. Su tratamiento es quirúrgico, con excelentes resultados.

• Las maculopatías son una afección de la región central de la retina que provoca pérdida de la visión central. Su diagnóstico temprano es muy importante y pueden ser tratadas, disminuyendo su progresión.

• La diabetes puede causar un daño progresivo de la retina, denominado retinopatía diabética. En este caso es necesario un control estricto y regular para detectar los cambios y tratarlos a tiempo.

La mayoría de los problemas oculares, descubiertos a tiempo, tienen su tratamiento. Es un examen sencillo y no invasivo. No importa la edad, siempre es necesario realizar un control anual de nuestros ojos.