Es el conjunto de conductas que influyen en la capacidad de una persona para iniciar y mantener el sueño. Las conductas correctas de higiene del sueño pueden variar con la edad de la persona.

Lactantes

Los periodos de sueño pueden durar desde unas pocas horas a unos pocos minutos, pero esta fragmentación del sueño no dura más allá de 3 a 6 meses. Las rutinas sirven para facilitar la constancia en los patrones de sueño. Las horas de dormir y de despertar deben permanecer lo más constantes posibles. La alimentación y los cambios durante la noche deben ser silenciosos y reducir la cantidad de luz necesaria. Antes de irse a dormir, a la noche, es importante comenzar un ritual. Este debe involucrar actividades que minimicen la actividad física y provoquen una respuesta tranquila que preparen al bebé para ir a dormir. Los rituales pueden involucrar dar un baño, cambiarlo para ponerle el pijama, leerle, tararearle y cantarle, alimentarlo, cambiarle los pañales, etc. El contenido de la lectura o las canciones no es tan importante como el sonido de la voz de los padres y el contacto con ellos.

A los 2 meses de edad el 50% de los despertares nocturnos no requerirían atención por parte de los padres. Por lo tanto se deberían establecer asociaciones con el inicio del sueño sin la participación de los padres. El niño debe aprender a dormir en su cama solo, por lo que debe ser colocado en su cuna y los padres retirarse en la medida de lo posible mientras esté aún despierto. En caso de que llore, los padres deben retornar a la habitación sólo después de un periodo predeterminado (no inferior a 15 minutos) y luego deben tener sólo contacto visual. Este regreso les permitirá a los padres demostrar al niño que no ha sido abandonado, pero se reafirma que la tarea de dormirse es responsabilidad del niño. Los lactantes deben ser colocados en la cama despiertos pero adormecidos en una posición que parezca ser la más cómoda para ellos. Una prenda de los padres puede también colocarse en la cuna para hacer que ésta última huela más familiar.

Niños más grandes

Aquí también la creación y cumplimiento de un ritual para ir a dormir que use recordatorios constantes que creen expectativas para los niños, puede ayudar a transformar la hora de ir a dormir en una experiencia positiva, tanto para los padres como para los niños. Los rituales para ir a dormir siguen preparando al cuerpo y mente del niño para dormir, pero estas actividades cambian en la medida que el niño crece. Los rituales deben discutirse con el niño, y la duración debe ser acordada antes de usar el ritual. Ejemplos de actividades apropiadas para los 5 años de edad incluyen juegos tranquilos, preparación para irse a la cama (cepillarse los dientes, ponerse el pijama, etc.), leer un cuento en la cama y pasar un tiempo conversando tranquilamente los hechos del día. El niño debe saber la progresión de los hechos y el momento en el cual debe ocurrir cada actividad. Las actividades deben incluir conductas de relajación y deben proveer  un sentido de “cierre del día”.

Hábitos contraproducentes

  • No se debe permitir que se levanten cuando deseen. Tanto la hora de ir a dormir como la de levantarse deben ser determinadas por los padres.
  • No se les debe permitir dormirse rutinariamente en otras habitaciones que no sean la de ellos o frente al televisor.
  • Las actividades en la habitación del niño y su cama deben restringirse a dormir y a los rituales del sueño solamente, de forma tal que el niño asocie ir a su dormitorio con ir a dormir.
  • Evitar dormir regularmente con el niño, ya que dormir solo reduce la posterior aparición de ansiedad por separación.
  • No participar de actividades que produzcan una estimulación física inmediatamente antes de ir a la cama.