¿Qué sucede con mi hijo que se comporta así?

En el consultorio, es frecuente escuchar de los padres expresiones como:

no se si escucha, a veces me parece que es sordo, o no escucha bien…, es tan torpe, se lleva las cosas por delante y no se da cuenta…, no le tiene miedo a nada, y eso que ya se cayó varias veces…, la maestra dice que vuela, que todo le llama la atención y no termina de copiar las tareas”.

Pero, como en un iceberg del que solo vemos una pequeña parte, estas conductas significan algo más. Para conocer por qué suceden, qué nos quieren decir, qué significan, por qué se desarrollan así, debemos estudiar lo que no se ve. Aquello que, al igual que en el iceberg, se encuentra por debajo del agua…

Conozcamos el problema. ¿Es frecuente?

Un alto porcentaje de las consultas que los padres realizan diariamente, se encuentran contempladas en las características antes mencionadas.

En forma conservadora, se estima que entre un 3% y un 7% de los niños en edad escolar padecen estos problemas, y con mayor prevalencia en varones: se da 3 veces más que en las niñas.

Con estos datos se puede afirmar, por ejemplo, que dependiendo del número de alumnos en el aula y de la composición de sexos, entre 1 y 2 niños tendrán estas características. Sin embargo, la intensidad y forma de los síntomas puede variar en cada caso.

 Llamemos a las cosas por su nombre

Cuando un niño o un adulto presenta:

 Inatención: Dificultades en el rendimiento atencional

 Hiperactividad: Dificultades en regular el nivel de actividad

 Impulsividad: Dificultades en el control de los impulsos

Decimos que el paciente posee Trastorno por déficit de atención (TDA), es decir, las fallas en atención- concentración siempre están presente y pueden ir acompañadas o no de hiperactividad-Impulsividad (TDAH)

 ¿Cuál es el origen?

El TDA es considerado un trastorno neurobiológico innato, con una carga genética importante (generalmente uno de los padres tiene características parecidas o iguales) y que afecta de forma variada y persistente la vida de quienes lo padecen.

 Toda la evidencia científica apunta hacia la conclusión de que los niños a los que correctamente se les diagnostica TDAH presentan diferencias muy sutiles en sus cerebros. Esto se da justamente en el módulo cerebral responsable de las funciones ejecutivas: organizar, planificar, establecer un nivel apropiado de alerta, tener una adecuada memoria de trabajo y regular los estados emocionales.

 Hasta el momento, no hay estudios de laboratorio disponibles para realizar el diagnóstico con un mínimo de precisión. Y las radiografías, análisis de sangre, electroencefalogramas comunes o computados, ni los modernos estudios por imágenes como tomografías y resonancias magnéticas no resultan de gran utilidad.

 Estos estudios son orientativos pero no determinantes. La mayoría de los niños presentan electroencefalogramas u otros estudios normales, pero clínicamente poseen el conjunto de sintomatología del trastorno Desatención –Hiperactividad –Impulsividad.

Esto quiere decir que el diagnóstico es clínico y es realizado por un Neurólogo. El trabajo de este médico es complementado por el Psicólogo y los aportes de los padres y maestros.

 ¿Qué más es importante conocer?

Hay otras conductas en los niños que observamos a diario y que, si bien no se utilizan para el diagnóstico, nos ayudan a comprenderlo mejor. Entre estas conductas encontramos:

• Dificultad para acatar ordenes.
• Comportamiento hostil
• Auto y heteroagresión
• Caprichos, llantos
• Deficiencias en el control de las emociones 
• Mucho esfuerzo, pocos resultados
• Problemas de autoestima
• Dificultad para acatar normas o reglas sociales

 El T.D.A./H afecta a personas de todas las edades pero, a medida que el niño crece, las características del trastorno van cambiando.

Por ejemplo, la hiperactividad de grandes movimientos de los primeros años, se reduce lentamente hasta convertirse en inquietud o en sensación de desasosiego en el púber.

 La impulsividad, tan evidente en reacciones abruptas, arrebatos e interrupciones, puede presentarse en manifestaciones más leves como la impaciencia o la dificultad para tolerar tiempos de espera.

 Por el contrario, los signos de inatención tienden a ser permanentes y se magnifican con la edad. Esto se debe a que aumenta la demanda ambiental sobre las capacidades atencionales del paciente.

En la adolescencia tardía y en el adulto puede ser diagnosticado en forma certera.

 ¿Tiene tratamiento? ¿Cómo puedo ayudar?

La Psicología Cognitiva ha propuesto la hipótesis de que estos pacientes tendrían una insuficiencia perceptiva para reconocer claves sociales, tanto visuales como verbales. Este déficit provocaría la desadaptación social y reacciones conductuales inadecuadas.

 Mientras tanto, la perspectiva de maestros y compañeros apunta a vincular la menor competencia académica de los niños con T.D.A. a una menor interacción social, una menor aceptación y un mayor rechazo por parte de sus compañeros.

 Estos factores pueden aumentar o disminuir según las actitudes familiares y/o pedagógicas que se adopten, es decir, según el tratamiento. Al hablar de este tema, una de las preguntas frecuentes es medicar ¿si o no?, pero la medicación sola proporciona una solución parcial.

 La complejidad social, neurológica y psicológica de de este problema hace necesario abordarlo con un criterio interdisciplinario. De esta manera, el tratamiento a realizar es mixto, requiere apoyo Psicológico y de medicamentos, sólo si el médico así lo determina.

 Aquí lo importante es modificar la conducta para que el paciente pueda organizarse y lograr nuevas adquisiciones.

 Hay mucho por hacer, pero el primer paso es realizar la consulta para confirmar el diagnóstico primero y planificar el tratamiento después.

 En esta etapa, es importante acompañar a los padres de manera individual o en grupo. Esta última alternativa es más exitosa, ya que permite intercambiar experiencias, soluciones y nos enseña que los padres no están solos, porque siempre hay profesionales para ayudarlos.