¿Qué es la Epilepsia?

La epilepsia es una afección neurológica crónica caracterizada por convulsiones o crisis convulsivas recurrentes (una sola convulsión no se considera epilepsia!!), donde las células del cerebro, mas precisamente las neuronas producen una actividad eléctrica anormal, que se traduce en el envío  constante de señales eléctricas al resto del cuerpo, transmitidas  a través de los nervios hacia los músculos del cuerpo, pudiéndose  expresar como un cambio involuntario en el movimiento o funcionamiento corporal, las sensaciones, el estado de consciencia o el comportamiento.

Durante una crisis convulsiva, los músculos de una persona se pueden tensar y relajar rápidamente o bien dejarse de mover y paralizarse por completo.

Las crisis convulsivas se caracterizan por ser súbitas o repentinas y la gente no puede controlar los músculos mientras suceden.

La epilepsia puede ser expresión de  muchas afecciones diferentes en el cerebro de la persona, aunque con frecuencia no se encuentra una causa específica.

En los períodos entre convulsiones, una persona con epilepsia no es diferente de otras personas y puede llevar a cabo una vida como cualquier persona que no la padezca.

¿Qué tipos de convulsiones existen?

Existen varios tipos y clínicamente pueden clasificarse en:

  • Convulsiones primarias generalizadas: son aquellas que  se originan en un área amplia que abarca los dos lados del cerebro.
  • Convulsiones parciales: son las que comienzan en un área pequeña y localizada del cerebro.
  • Convulsiones secundarias generalizadas: se caracterizan por existir una alteración en un área del cerebro que se puede propagar en segundos o minutos a amplias áreas del mismo.

Algunas personas sufren convulsiones que son difíciles de identificar, ya que en  ocasiones, la única señal de que está sufriendo una crisis, es un parpadeo rápido, tener la mirada fija a lo lejos por unos pocos segundos o presentar movimientos espasmódicos en una sola parte del cuerpo. Este tipo de convulsiones se denominan ausencias o petit mal, un tipo de convulsiones primarias generalizadas.

Por el contrario, una persona con convulsiones parciales complejas puede parecer confusa o aturdida y no ser capaz de responder a preguntas o seguir instrucciones hasta por unos minutos.

Por último, una persona con convulsiones tónicoclónicas generalizadas, algunas veces llamadas gran mal, puede gritar, perder el conocimiento, caerse al piso y presentar rigidez o espasmos musculares hasta por varios minutos, presentando posteriormente un estado de confusión y fatiga.

Signos y Síntomas

Pueden variar desde una interrupción momentánea de los sentidos a cortos periodos de inconsciencia o desde ausencias epilépticas hasta ataques convulsivos.

La mayoría de las crisis convulsivas ocurren sin previo aviso, aunque algunas personas experimentan una sensación extraña, por ejemplo, nauseas o percibir un olor o un sabor raros justo antes de que se inicie el ataque. Esto recibe el nombre de aura.

Durante una crisis convulsiva, la persona se puede desplomar, presentar temblores o sacudidas, tensarse y agarrotarse, vomitar, babear y orinar o defecar, al perder el control de los esfínteres.

Una vez concluido el ataque, la persona puede sentirse como aturdida y no recordar nada de lo ocurrido.

¿Qué causa la epilepsia?

La epilepsia puede ocurrir cuando se presentan interrupciones en las conexiones normales entre las células nerviosas cerebrales. Esto puede deberse a desequilibrios en las sustancias químicas o neurotransmisores que cumplen un papel importante en la señalización entre las células nerviosas. También se puede producir por cambios en las membranas de las células nerviosas, a nivel de los canales iónicos, que alteran su sensibilidad normal. Algunas de estas interrupciones, desequilibrios y cambios pueden presentarse en edades tempranas. En ocasiones, están relacionadas con factores hereditarios y a veces por exposición a distintos agentes proconvulsivantes.

Entre las afecciones y eventos que causan epilepsia se incluyen:

  • Hipoxia: que corresponde a situaciones donde el aporte de oxigeno se encuentra comprometido (ej.: durante el nacimiento).
  • Infecciones cerebrales (ej.: meningitis, encefalitis, cisticercosis o abscesos en el cerebro).
  • Lesiones cerebrales traumáticas.
  • Accidentes cerebrovasculares (como resultado de la interrupción o ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro).
  • Otras enfermedades neurológicas (ej.: enfermedad de Alzheimer).
  • Tumores cerebrales.
  • Ciertos trastornos genéticos.

Tener en cuenta que las principales causas desencadenantes de crisis convulsivas son:

  • Interrupción o cambio de medicación antiepiléptica.
  • Consumo de alcohol. 

¿Cómo se diagnostica?

En casi dos tercios de los pacientes que presentan epilepsia, no se puede identificar la causa subyacente específica, denominándose criptogénica o idiopática.   Mientras que en el resto de los casos se denomina secundaria, que es aquella en la que se presenta como parte de un síndrome.

Siempre es necesario descartar mediante estudios complementarios causas orgánicas específicas, realizando las siguientes pruebas:

  • Tomografía axial computarizada (TAC)
  • Resonancia magnética nuclear (RMN)
  • Electroencefalograma (EEG).

¿Cómo se trata la epilepsia?

Antes de que la persona comience el tratamiento, el primer paso es garantizar que el diagnóstico de epilepsia sea correcto y determinar, en lo posible, el tipo de epilepsia y si existe alguna afección subyacente que también requiera de tratamiento.

Para esto se requiere una revisión exhaustiva de la historia clínica de la persona y de una evaluación neurológica. También se pueden recomendar otras pruebas, por lo general, un electroencefalograma (EEG) y con frecuencia una tomografía computarizada (TAC) o resonancia magnética (RMN) de cerebro. Esta evaluación servirá de base para tomar la decisión médica sobre el mejor tratamiento para la epilepsia.

Los medicamentos antiepilépticos son el pilar del tratamiento en la mayoría de las personas. En la actualidad hay muchos medicamentos disponibles y el médico puede recetar uno o más con base en los factores individuales del paciente como el tipo de epilepsia, la frecuencia y gravedad de las convulsiones, la edad y las afecciones relacionadas con la enfermedad.

Después de comenzar el tratamiento con medicamentos, se requiere de un seguimiento cercano para evaluar su eficacia así como los posibles efectos secundarios. Con frecuencia es necesario realizar ajustes a las dosis al comienzo del tratamiento. Algunas veces, debido a la persistencia de convulsiones o efectos secundarios significativos se debe modificar el tratamiento.

Aproximadamente dos tercios de los pacientes con epilepsia reciben tratamiento óptimo y los medicamentos controlan con éxito las convulsiones. En el resto, los medicamentos pueden ofrecer beneficios parciales, con persistencia de convulsiones. Para estas personas se deben considerar otras opciones de tratamiento, tales como: cirugía, estimulación del nervio vago y dieta cetógena.

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