¿Qué es?

La hemiplejia es la parálisis de un lado del cuerpo. La hemiparesia, en cambio, es la debilidad o disminución de la fuerza de una mitad del cuerpo, sin llegar a la parálisis. Estas no son enfermedades en sí, sino la consecuencia de una lesión cerebral o de las vías de conducción de los impulsos nerviosos del cerebro a la médula espinal, generalmente producida por una falta de oxígeno. Pueden afectar el lado derecho o izquierdo del cuerpo, dependiendo de la localización de la lesión.

 

¿Por qué ocurre?

Tanto la hemiplejia, como la hemiparesia ocurren por un daño en el cerebro como resultado de una disminución en el  flujo sanguíneo.  Según la parte del cerebro afectada, se anulan o disminuyen los movimientos de una parte del rostro, del brazo, de la pierna, o de ambos miembros de la misma mitad del cuerpo. Con frecuencia, además, quedan disminuidas otras funciones como la sensibilidad, la visión, la capacidad auditiva, el habla o incluso, la capacidad de razonamiento. La gravedad de la hemiplejia, la importancia de la parálisis y la aparición o no de otras alteraciones depende la localización de las neuronas lesionadas y de la masa de tejido cerebral involucrada.

Este trastorno puede estar presente desde el nacimiento o puede ser adquirido a lo largo de la vida. La causa más común de la hemiplejia son los accidentes cerebrovasculares, que se producen más frecuentemente en individuos ancianos. Otras causas de hemiplejia/hemiparesia son:

-          Parálisis cerebral (en los niños)

-          Traumatismos craneales

-          Tumores cerebrales

-          Esclerosis múltiple

-          Encefalitis

-          Complicaciones de meningitis

 

¿Cómo se manifiesta?

La hemiplejia o hemiparesia se manifiesta por debilidad de los miembros de un lado del cuerpo, pero algunas características pueden variar enormemente de una persona a otra. Los problemas pueden incluir:

-          Dificultad en la marcha.

-          Dificultad en el equilibrio.

-          Dificultad en las actividades motoras como sujetar, agarrar o pellizcar.

-          Rigidez aumentada de los músculos.

-          Contractura involuntaria.

-          Movimientos involuntarios.

-          Dificultad para hablar, expresarse o comprender el lenguaje.

-          Dificultad para tragar.

-          En los niños: retrasos significantes en las etapas de desarrollo como el permanecer de pie, sonreír, gatear o hablar.

-          Problemas en el comportamiento como ansiedad, ira, irritabilidad, falta de concentración o comprensión.

-          Dolor en las articulaciones debido al tono aumentado de los músculos.

 

Etapas de la hemiplejia en el adulto

1-      Hemiplejia fláccida: se caracteriza por una disminución del tono muscular o flaccidez. Puede durar desde algunos días hasta varias semanas e incluso más. El paciente no puede mover el lado afecto, ha perdido sus patrones de movimiento y, al principio, incluso los del lado sano son inadecuados para compensar la pérdida de actividad del lado afectado.

2-      Hemiplejia espástica: de manera lenta y gradual, la hemiplejia fláccida se transforma en hemiplejia espástica, con aumento del tono muscular que puede llegar a la contractura. Tiene predilección por los músculos flexores de los miembros superiores y los extensores de los miembros inferiores, existiendo una resistencia creciente a ciertos movimientos pasivos. Con el tiempo ocurre atrofia muscular (disminución del tamaño de los músculos), principalmente en el hombro, la mano y la región glútea del lado de la parálisis.

3-      Etapa de recuperación relativa: las personas que alcanzan esta tercera etapa son aquellas que no estaban gravemente afectadas al inicio y que han logrado una buena recuperación de las funciones motoras con una adecuada rehabilitación.

 

¿Cómo se diagnostica?

La hemiplejia o hemiparesia se identifica por un examen clínico completo. Se utilizan métodos complementarios para confirmar la localización de la lesión y su probable etiología. Los que se emplean con mayor frecuencia son:

-          La tomografía computada o la resonancia magnética, que son los utilizados en forma más frecuente para la identificación de la mayor parte de las enfermedades causales.

-          Los exámenes de líquido cefalorraquídeo, que deben efectuarse ante la sospecha de procesos infecciosos o inflamatorios del sistema nervioso central.

-          Los exámenes eléctricos, como el electroencefalograma o el estudio de potenciales evocados, que sirven para explorar enfermedades vinculadas con trastornos convulsivos o afecciones difusas del sistema nervioso.

-          Las biopsias de tejido cerebral, que pueden ser necesarias, sobre todo en pacientes en quienes los demás métodos no arrojen resultados concluyentes y se haga imprescindible la confirmación diagnóstica.

 

¿Cómo se trata?

El tratamiento para la hemiplejia tiene dos vertientes: por un lado el tratamiento de la causa que produce el déficit motor (en caso de que eso sea posible) y por otro lado el sintomático que incluye medidas farmacológicas y rehabilitadoras que intentan, en lo posible, controlar o aminorar la discapacidad consecutiva al déficit funcional. El tratamiento rehabilitador comprende medidas tanto desde la fisioterapia como desde la terapia ocupacional. La actuación temprana favorecerá los resultados y la consecución de los objetivos.

En líneas generales, el tratamiento del hemipléjico incluye la simetría postural, la regulación del tono, la flexibilización del tronco, el equilibrio estático y dinámico, el apoyo y las reacciones normales del miembro inferior, los movimientos del miembro superior y las habilidades de la mano para las actividades de la vida diaria.

Para realizar el tratamiento de forma integral se deberán utilizar ejercicios para suplir los déficits de las funciones superiores tales como la memoria, la comprensión, el lenguaje, el esquema corporal, entre otras.

 

¿Cómo se puede prevenir?

En el caso de la hemiplejia infantil por parálisis cerebral, recibir un cuidado prenatal adecuado puede reducir el riesgo de algunas de sus causas, sin embargo, la mayoría de las veces, no se puede prevenir la lesión que causa el trastorno.

En los adultos, un buen control de la tensión arterial, de la diabetes y/o del colesterol, al igual que el dejar de fumar, no beber alcohol, bajar de peso y hacer ejercicio físico pueden ayudar a disminuir el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Es importante que ante la aparición de cualquiera de los signos o síntomas de hemiplejia o hemiparesia consulte rápidamente al servicio de emergencia.