La tiroides es una glándula de secreción interna, es decir que sintetiza hormonas y las libera a la sangre, situada en la región anterior e inferior del cuello. Su forma es similar a la de una mariposa.

Está formada por dos lóbulos laterales unidos a la altura de los dos primeros anillos de la tráquea por el istmo. Esta glándula se encarga de sintetizar las hormonas tiroideas: T3 y T4 principalmente.

Uno de los efectos más importantes de estas hormonas es que involucra cambios en el metabolismo de múltiples tejidos del cuerpo, fundamentalmente el músculo esquelético, el hígado,  el riñón,  el intestino, el cerebro, la piel, los huesos, entre otros.

Existen numerosas patologías que pueden afectar a la glándula tiroidea, algunas alteran el  funcionamiento de la misma, otras su estructura, y en ocasiones ambas alteraciones pueden ir de la mano.

Dentro de las alteraciones de la función de la glándula, podemos dividirlas en dos grandes grupos: aquellas en las cuales el funcionamiento es menor al normal (Hipotiroidismo) y aquellas que cursan con un funcionamiento exagerado (Hipertiroidismo).

El hipotiroidismo es la deficiencia hormonal más común. Se caracteriza por una gran variedad de manifestaciones clínicas y un amplio rango de severidad de la enfermedad (desde individuos asintomáticos a pacientes en estado de coma). Se desarrolla más frecuentemente en mujeres y aumenta su incidencia con la edad.

Existen poblaciones especiales con mayor riesgo de desarrollar un hipotiroidismo, entre las que se encuentran: mujeres en etapa posparto, individuos con antecedentes familiares de enfermedad tiroidea autoinmune, pacientes con antecedentes de radiación de cabeza y cuello o cirugía tiroidea; pacientes con otras enfermedades autoinmunes endocrinas (diabetes tipo 1, insuficiencia adrenal, falla ovárica precoz, etc.) o enfermedades autoinmunes no endocrinas (enfermedad celiaca, anemia perniciosa, síndrome de Sjögren, esclerosis múltiple, ect)

El hipotiroidismo puede clasificarse de acuerdo a su inicio en congénito (desde el nacimiento) o adquirido, de acuerdo al origen de su causa en primario, donde el problema reside en la tiroides o secundario donde el trastorno está en la hipófisis, y de acuerdo a su severidad en subclínico  o clínico.

La causa más frecuente del hipotiroidismo primario es por lejos la inflamación crónica de la glándula o tiroiditis autoinmune (de Hashimoto). En este caso, el organismo genera anticuerpos contra ciertas proteínas tiroideas, lo que lleva a que su funcionamiento se encuentre disminuido.

Los síntomas de hipotiroidismo son muy variables e inespecíficos, es decir, que muchas otras patologías también pueden cursar con estos síntomas. Algunos de ellos: el cansancio, la debilidad, la fatiga, el sueño, intolerancia al frío, ronquera, constipación, dolores articulares, calambres, depresión, alteraciones menstruales, menorragia, infertilidad y ganancia de peso.

También es importante recabar datos acerca de antecedentes familiares de enfermedades tiroideas o de otras enfermedades autoinmunes, que ayudarán al médico a orientar su diagnóstico.

Una vez que existe la sospecha clínica, el diagnóstico puede confirmarse o descartarse rápidamente con el laboratorio, el tratamiento es sencillo  y el pronóstico es excelente.

El objetivo del tratamiento será restaurar el estado tiroideo normal. La desaparición gradual de las manifestaciones clínicas del hipotiroidismo demandará desde varias semanas a meses de iniciado el tratamiento. Algunos síntomas y signos como la sequedad de piel, caída de cabello, uñas quebradizas, depresión y disminución de la fuerza muscular pueden resolverse más lentamente.

El tratamiento consiste en suministrar al cuerpo la hormona faltante. Afortunadamente existen compuestos con este principio activo y es accesible en todas partes del mundo.

El otro gran capítulo de las disfunciones tiroideas es, como mencionamos anteriormente, el hipertiroidismo. Se define a este como el exceso de hormonas tiroideas, procedentes de una mayor síntesis y secreción hormonal por parte de la glándula tiroides.  Las causas más frecuentes es la Enfermedad de Graves-Basedow, también de origen autoinmune. Es más común en mujeres que en hombres. Estos pacientes tienen síntomas característicos y evidentes  que incluyen ansiedad, labilidad emocional, desgano y debilidad muscular. Puede haber pérdida de peso a pesar de un apetito normal o aumentado. Algunos pacientes incluso aumentan de peso; en particular, los pacientes más jóvenes, por hiperfagia  (aumento de la ingesta de alimentos), debido a la estimulación del apetito.

Otros síntomas, que pueden estar presentes, son la híper-defecación, la mala-absorción, dolor abdominal inespecífico y palpitaciones, temblor fino, intolerancia al calor y aumento de la transpiración. En las mujeres también pueden observarse trastornos en el del ciclo menstrual.

El tratamiento es un tanto más complicado que el del hipotiroidismo. Hay varias opciones terapéuticas, entre ellas drogas antitiroideas, tratamiento con yodo radiactivo o la cirugía. La selección de uno u otro tipo de tratamiento dependerá de diversos factores y su médico se encargará de ofrecerle la mejor opción en cada caso particular.

La patología nodular de tiroides es otro gran capítulo de las afecciones que comúnmente se ven en un consultorio de endocrinología. Dentro de los nódulos tiroideos benignos nos encontramos con los llamados adenomas. Son frecuentes, benignos, generalmente únicos, aunque también pueden ser múltiples. Se dan más comúnmente en mujeres jóvenes partir de los 30 años.

Su médico lo controlará mediante la palpación periódica de su glándula y según las características que presenten estos nódulos (cantidad, tamaño, ganglios en el cuello, antecedentes familiares, hipo o hipertiroidismo, etc), requerirá de métodos complementarios que van desde una simple ecografía tiroidea, hasta una punción del/los nódulos y eventualmente cirugía.

Las neoplasias malignas de la tiroides también son relativamente frecuentes, con una incidencia que varía de 0.5 a 10 casos por 100.000 habitantes. Con raras excepciones, estos tumores son más frecuentes en las mujeres, y tienen un mejor pronóstico en los jóvenes que en los mayores de 40 años.

Además de la edad, tipo y tamaño del tumor,  su estadio al momento del diagnóstico son factores  de pronósticos importantes. La mayoría de los carcinomas tiroideos pueden diagnosticarse con las técnicas rutinarias (ecografía y/o punción), pero unos pocos necesitan técnicas complementarias.

Los carcinomas papilares son los más frecuentes de todos los cánceres de tiroides y generalmente tiene un curso indolente y buen pronóstico. Las metástasis distales (por ejemplo en pulmones y huesos) son poco frecuentes (9-14%), y por lo general ocurren en etapas tardías de la enfermedad.

Existen numerosas variantes de carcinoma papilar. Este y el carcinoma folicular de tiroides, que entre ambos representan alrededor del 95% de los tumores malignos de tiroides, se tratan con cirugía, seguida en la mayoría de los casos de un tratamiento con yodo radiactivo.

Como podemos observar, la patología tiroidea abarca un gran número de afecciones que pueden presentarse con un amplio espectro de signos y síntomas. El diagnóstico, control y tratamiento de las mismas estará a cargo de un médico especialista en endocrinología.

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