La vacunación antigripal tanto de adultos como niños, es esencial para proteger a los grupos en riesgo, reducir las probabilidades de padecer complicaciones y disminuir las internaciones.

Las epidemias de gripe se reiteran anualmente. La variación menor dentro del mismo tipo de Influenza B o los subtipos de influenza A, se llama variación antigénica. Ésta ocurre constantemente y resulta en nuevas cepas, lo que produce epidemias estacionales. Dicha “mutación” genera la necesidad de producción de vacunas antigripales adaptadas a estas variaciones cada año.

La enfermedad es causa de hospitalización y muerte, sobre todo en los grupos que tienen alto riesgo de sufrir las complicaciones: niños pequeños, embarazadas, ancianos y enfermos crónicos.

El virus de la influenza o gripe pertenece a la familia de los Orthomixovirus. Hay tres tipos antigénicos (A, B y C) y contienen en su superficie glicoproteínas denominadas hemaglutininas (H) y neuraminidasas (N). Éstas facilitan la replicación y, al mismo tiempo, cambian periódicamente su secuencia de aminoácidos, lo que determina las variaciones antigénicas que presentan el virus y, por lo tanto, las mutaciones destinadas a evadir las respuestas inmunes del huésped.

Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran: neumonitis, neumonía bacteriana y descompensación de enfermedades crónicas cardiovasculares, respiratorias y metabólicas.

La vacuna antigripal es una herramienta decisiva para proteger a los grupos de riesgo.