Ser MADRE es una ocupación que puede tocarnos a todas las mujeres, incluso a aquellas que no tienen la posibilidad de gestar un bebe en su vientre.
Pero tanto una mamá biológica como una del corazón, se ven invadidas por ese sentimiento que es imposible expresar con palabras: el amor incondicional y único de una madre a su hijo.

La maternidad puede asemejarse a una montaña rusa que está llena de subidas y bajadas inesperadas. Por lo tanto, se puede estar repleta de felicidad y al instante llena de preocupaciones, todo gobernado por ese amor sin medida que solo un hijo nos genera, a tal punto de amar más a ese niño que a nuestra propia vida.

Como ginecóloga y mamá, recibo constantemente parejitas ilusionadas con su primer embarazo, mamás solteras empezando solas el camino de la maternidad, parejas que después de años de lucha logran su primer bebé y también aquellos que ya tienen uno o varios hijos y encaran el embarazo con más experiencia.
Sin embargo, en todos estos casos hay un común denominador: amor inmenso por esa luz de vida que crece en sus pancitas, miedos a que pase algo indeseado y plenitud y felicidad.

Siendo una mamá a la cual le tocó transitar un camino muy largo de búsqueda y otro muy difícil, pero lleno de amor y luz, con un hijo especial, puedo entender muchas de las preocupaciones habituales de las embarazadas, sus ilusiones, sus proyectos para ese bebé que apenas deja oír sus latidos, sus temores. Hoy, entiendo que es inevitable pasar por todas esas emociones que se van dando desde el primer test de embarazo positivo.
Por eso,  mi consejo para todos ellos siempre es el mismo: relájense y disfrútenlo. Si él bebe crece en la panza de una mamá feliz y en paz, todo fluye de otra manera.

Papás primerizos

Sin dudas que los más sorprendidos y asombrados del día a día en el embarazo, son los papas primerizos.
Las sensaciones que experimentan son innumerables: desde esa primera ecografía donde “adivinando”, encuentran una lenteja que late y que los hace lagrimear de emoción, pasando por la primera vez que escuchamos los latidos en el consultorio ya con el embarazo en proceso.
Después vienen la intriga del sexo, las apuestas, las abuelas ansiosas por comprarles el primer regalito, las adivinanzas por si la panza es más redonda o más en punta y muchas situaciones más que van apareciendo con el avance de las semanas.
Además, la percepción de los primeros movimientos del bebé a partir de la semana 20 y, a partir de allí, el crecimiento exponencial de la panza que parece que va a explotar junto con todos los síntomas físicos que padece la mamá: dolores lumbares y en caderas, contracciones, cansancio, edema leve en piernas, puntadas o tirones en la zona genital, tensión importante de la piel y músculos abdominales, acidez y reflujo.

Ya entre la semana 26 y 28, habitualmente se pueden realizar la ecografía 4D que permite ver por primera vez la carita del bebé llenándolos de ilusión y emoción. A su vez, se pueden estudiar en profundidad todos los órganos del feto y su correcto desarrollo, lo que trae mucha alegría y tranquilidad en los papás.
Y, a medida que se acerca el final del embarazo, se acrecientan las dudas, los miedos, la intriga sobre el parto y los temores habituales en torno a esa situación.
Desde la semana 30 en adelante, los movimientos del bebe son más precisos.

Aquellas mamas más perceptivas sienten la “patita” que se les mete por tal o cual lado, o la cabecita que les comprime en la zona de la vejiga y las obliga a orinar muy seguido.
También se hacen más frecuentes las panzas duras, y las molestias físicas son mucho mayores.

Llegando al final del embarazo

Llegadas las últimas 3 o 4 semanas, el bebé está completamente desarrollado y listo para salir.  Las contracciones se hacen más seguidas, la pesadez en zona genital es mucho mayor, se acrecientan los dolores óseos, el cuello del útero se prepara para el momento del parto manifestándose con más cantidad de flujo vaginal y despidiendo el tapón mucoso.

Hasta que un día, llega el tan esperado final… Un buen día las contracciones se hacen más seguidas y dolorosas y empieza el proceso de trabajo de parto, proceso que no es más que el comienzo de ese camino maravilloso que es la maternidad.

El parto o la cesárea son solo la puerta de ingreso a esa nueva vida como madre. Solo eso. Y es nuestro deber como médicos hacer que ese proceso sea lo más cuidado y controlado dentro de lo medicamente posible. Pero deben saber, ustedes, mamás que así como milagroso y mágico es la llegada de un bebe a nuestras pancitas, también lo es el proceso de salida y nacimiento.
Como mujer, madre y médica trato de acompañar dicho proceso de la mejor manera, cuidando todos los factores que se ponen en juego, pero, muchas veces, la última palabra no la tiene la medicina: es un milagro de la vida donde el obstetra es solo un facilitador para que las cosas se den de la mejor manera posible.

Cada primer llanto de un bebe recién nacido inunda de plena felicidad y emoción el corazón de esa madre, es un verdadero milagro y el comienzo de una tarea que les va a llevar toda la vida. Tarea que por momentos pesa tanto que no sabemos si vamos a resistir pero que finalmente sacamos fuerzas de cualquier lado para salir adelante. Tarea que puede llevarnos por los caminos más insólitos solo para hacer feliz a nuestros hijos. Tarea que puede ser muy dolorosa cuando nuestro bebé tiene algún problema de salud, desde la primera fiebre hasta situaciones muy difíciles para las cuales nadie nos prepara…En definitiva, tarea que podrá hacernos llorar de emoción, de cansancio, de alegría, de risa, de tristeza.

Se aprende a ser mama día a día, paso a paso, momento a momento. No importa la edad que tengan tus hijos. El aprendizaje es continuo.
Por eso, disfruten de sus hijos, ámenlos mucho sea cual sea su condición, enorgullézcanse de esa posibilidad única y enriquecedora que es SER MADRE.

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